viernes, 30 de octubre de 2009

Eligiendo términos, trayendo un nombre.

Se vuelve imprescindible aclarar algunos términos. Como justificara la cátedra, respecto de nuestro campo profesional, nuestra tarea implica tomar decisiones que configuran la acción. Al principio de la cursada, se aclararon y fundamentaron términos que son revisados por su carga ideológica, como el de Intervención.
Cuando Alicia nos contara que se prefiere utilizar el término acción pedagógica en lugar de intervención, se explicitaron los supuestos que subyacen en esas formas de nombrar. La intervención como término médico, connota tratamiento, rehabilitación, tal vez agregando violencia a una acción que debe buscar otras formas.
En la Acción pedagógica, el asesoramineto tiene intención de convertirse en acción localizada, situada, ecológica. En acción transversal: tomando distintas posiciones. Y en especializada: enfocada en demandas determinadas, particulares.
Otra vez el cómo nombrar. Ya César lo escribió contestando en el foro: "Lo que no se nombra no existe!"

Que las alas del alma traigan un nombre...

El nombre de las cosas... "Cosas". Un mundo cosificado necesita ser nombrado. Un nombre sobre otro nombre. Los lenguajes lo intentan.




En el primer foro propuesto por la cátedra, los nombres, o el cómo nombrar, aparecían bien definidos. Los términos elaborados/utilizados por estudiosos de las lógicas organizacionales traen un nombre y encuentran cómo nombrar lo que sucede cuando varias personas laboran colectivamente en un proyecto y permiten compartir sus conocimientos dentro de una organización en favor de su producción.
En cambio, en el segundo foro, la imagen y el sonido de un video, trae impresiones que no encuentran facilmente cómo ser nombradas. Su voltaje afectivo juega como obstáculo de la capacidad de conceptualizar en términos teóricos apropiados una serie de acciones que tocan la fibra de nuestras almas.
Violencia de género o violencia familiar? Esteriotipos o formas vinculares? Mujeres sometidas o víctimas, o pasivas y victimarias? Controversias varias, desconciertos. Cómo decirlo? como nombrarlo?, nos preguntamos seguidamente. Como mujeres/madres/vecinas, nos metemos ? Como profesionles, nos metemos o no? O cómo deberíamos pensar nuestra acción pedagógica?
Mares de preguntas. Respuestas de gran oleaje.

Recordaba las palabras de Estanislao Antelo: Cuando intervenimos pedagógicamente nos convertimos en unos metidos. Somos heterometidos.
También recuerdo que me resultó incómoda esa afirmación. Todavía resuena incorde para mi.
Cómo encontrar un equilibrio entre lo que debemos como profesionales y el respeto a la intimidad y el ámbito privado del otro?

miércoles, 28 de octubre de 2009

En clave de Bitácora

A fines de agosto con el comienzo del curso, las propuestas se abrieron... tres espacios fueron planteados por la cátedra: un taller, coordinado por Constanza con eje en las transformaciones del mundo de la cultura y la educación, y los distintos escenarios donde los distintos actores construyen teorías y prácticas. Otro taller, coordinado por Mercedes, que se propone trabajar las transformaciones que encuentran impacto en la educación y los cambios en el mundo del trabajo, analizando la gestión del conocimiento en contextos organizacionales y sus espacios.
El seminario coordinado por Alicia, propone trabajar la relación entre el proyecto formativo y la práctica profesional que nos compete como licenciados en Ciencias de la Educación y las transformaciones del campo, articulando trabajo, educación y cultura y haciendo foco en las acciones pedagógicas que tienen lugar en los distintos ámbitos.

Distintas estrategias y herramientas metodológicas desafían nuestros saberes previos y competencias en desarrollo o en potencia. La participación en los foros, la creación del blog y la elaboración de diseños y guiones de asesoramiento inquietan nuestras estructuras y reclaman asimilaciones nuevas.
Conflicto cognitivo de por medio esto se vuelve muy interesante y suben los niveles de ansiedad.
Hay mucho por construir, pienso, y somos capaces de sorprendernos cuando por algún tiempo, nos olvidamos de hacerlo.